29 de octubre · Día Mundial del Ataque Cerebrovascular (ACV)
Este año, la Organización Mundial del ACV eligió un lema muy claro: cada minuto cuenta. Aprender hoy a reconocer un ACV puede cambiar una vida mañana, la de un familiar, un vecino o la tuya.
¿Por qué cada minuto cuenta?
Durante un ACV isquémico, una arteria del cerebro se tapa. Mientras la sangre no vuelve a llegar, el cerebro pierde cerca de 2 millones de neuronas por minuto.
Hoy existen tratamientos que pueden destapar la arteria, con medicamentos o con un procedimiento, pero solo funcionan si se aplican a tiempo. Cuanto antes llega la persona al hospital, más cerebro se puede salvar y menos secuelas quedan.
Reconoce las señales: actúa RÁPIDO
Los síntomas aparecen de repente. Basta con uno para actuar. Para recordarlos, usa la palabra RÁPIDO:
Figura 1. Las seis señales de alarma con el acrónimo RÁPIDO, desarrollado por UTHealth Houston y la American Stroke Association.
Aunque los síntomas desaparezcan en pocos minutos, no es una falsa alarma. Puede ser un aviso de que viene un ACV más grande y también requiere atención de urgencia.
Qué hacer
Llama de inmediato al número de emergencias o lleva a la persona a un hospital que atienda ACV, no a un consultorio ni a una farmacia.
Anota la hora en que empezaron los síntomas. Si la persona despertó así o nadie la vio, anota la última hora en que se la vio bien. Este dato decide qué tratamientos se pueden usar.
Lleva la lista de medicamentos, sobre todo si toma anticoagulantes, y avisa si tiene diabetes u otras enfermedades.
No la dejes sola. Si vomita o está somnolienta, recuéstala de lado.
Qué no hacer
No esperes a ver si se pasa, ni la mandes a dormir.
No le des pastillas, tampoco aspirina. Algunos ACV son por sangrado, y solo con una tomografía se sabe cuál es.
No le des comida ni bebida. Puede tener dificultad para tragar y atorarse.
No uses remedios caseros, como pinchar los dedos o frotar con alcohol. Solo hacen perder tiempo.
La mayoría de los ACV se pueden prevenir
Un gran estudio realizado en 32 países encontró que unos pocos factores que podemos cambiar explican alrededor del 90 % del riesgo de ACV. Los más importantes:
Controlar la presión arterial, el principal factor de riesgo.
No fumar y moderar el alcohol.
Moverse a diario y comer más frutas, verduras y menos sal.
Controlar la diabetes, el colesterol y las arritmias, como la fibrilación auricular.
Cuidar el estrés y el sueño.
Hoy es un buen día para compartir estas señales con tu familia. Quien las conoce puede salvar una vida.
Fuentes: Organización Mundial del ACV, campaña del Día Mundial del ACV 2026. Acrónimo RÁPIDO: UTHealth Houston y American Stroke Association. Saver JL. Time is brain—quantified. Stroke. 2006;37(1):263-6. O’Donnell MJ et al. INTERSTROKE. Lancet. 2016;388(10046):761-75.
Neurología para cuidarte — Comprender para cuidar mejor.
Octubre es el mes de concientización sobre el ataque cerebrovascular (ACV), y el 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del ACV.
Cuando ocurre un ataque cerebrovascular isquémico (infarto cerebral), una arteria se obstruye y una parte del cerebro deja de recibir suficiente sangre y oxígeno.
Pero el daño no termina allí. En las horas siguientes, el organismo activa una respuesta inflamatoria que intenta protegerlo, aunque, cuando es excesiva, puede contribuir a aumentar la lesión cerebral.
Figura 1. Inflamación e infarto cerebral en tres pasos.
¿Por qué es importante la inflamación?
Después de un infarto cerebral, la inflamación puede:
Aumentar el daño en algunas zonas del cerebro.
Alterar la barrera natural que lo protege.
Relacionarse con mayores dificultades para recuperarse.
¿Podemos medirla con un examen de sangre?
Sí, podemos obtener algunas pistas.
El hemograma, un examen de sangre habitual, permite conocer la cantidad de neutrófilos, linfocitos y plaquetas.
Con estos resultados, los médicos pueden calcular unos valores llamados índices inflamatorios, que ayudan a estudiar la respuesta del organismo después de un infarto cerebral.
¿Qué significa tenerlos elevados?
Algunos estudios han encontrado que los índices inflamatorios elevados se relacionan con infartos más graves y mayores dificultades de recuperación.
Sin embargo, un resultado elevado no significa necesariamente que una persona tendrá secuelas importantes. Estos valores pueden cambiar por infecciones, medicamentos y otras condiciones.
Lo más importante
Un examen de sangre no determina por sí solo cómo será la recuperación. La atención oportuna, la rehabilitación y el control de los factores de riesgo siguen siendo fundamentales.
Recuerda: si aparece de repente la boca torcida, debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida de visión o alteración del equilibrio, llama inmediatamente a emergencias. En un ACV, cada minuto cuenta.
Neurología para cuidarte — Comprender para cuidar mejor.
Cuando escuchamos la palabra Alzheimer, lo primero que nos preguntamos es qué medicamentos existen y cuánto pueden ayudar. Es una pregunta natural.
Pero el tratamiento va mucho más allá de una fórmula médica. También incluye lo que hacemos cada día para conservar las capacidades de la persona y la manera en que la acompañamos a medida que sus necesidades cambian.
En este artículo te explico, con palabras sencillas, tres cosas: qué tratamientos existen, qué podemos hacer en casa y cómo cuidar mejor a la persona y a su familia.
¿Qué ocurre en el cerebro?
El Alzheimer no aparece de un día para otro. Comienza muchos años antes de que se noten los olvidos, a veces 15 o 20 años antes.
Primero se acumula una proteína llamada beta-amiloide, que forma placas entre las neuronas.
Después, otra proteína, la tau, se acumula dentro de las neuronas y se va extendiendo por el cerebro. Es la que más se relaciona con los síntomas.
Con el tiempo, las neuronas pierden sus conexiones y aparecen los problemas de memoria, de orientación y de autonomía.
Otros factores pueden acelerar o frenar este proceso: la genética, la salud de los vasos sanguíneos, el sueño y otras enfermedades que a veces conviven con el Alzheimer.
Figura 1. Cómo avanza el Alzheimer en el cerebro. Elaboración propia.
¿Qué son los biomarcadores y por qué los pide tu neuróloga?
Los biomarcadores son pruebas que muestran si esas proteínas están presentes en el cerebro. Se miden con un estudio de imagen (PET), con un análisis del líquido que rodea el cerebro y la médula (punción lumbar) y, cada vez más, con un análisis de sangre.
Sirven para confirmar que los síntomas se deben al Alzheimer y no a otra causa, y son indispensables para decidir si una persona puede recibir los tratamientos más nuevos.
Importante: un biomarcador positivo en una persona sin síntomas no significa que vaya a tener demencia ni que deba empezar un medicamento. Por eso estas pruebas solo se recomiendan en personas que ya tienen síntomas, como parte de una evaluación médica completa.
Las etapas del Alzheimer
Hoy los especialistas describen la enfermedad por etapas. Conocer la etapa ayuda a elegir el tratamiento adecuado.
Etapa
Qué se observa
Etapas 0 a 2
Sin síntomas o con cambios muy sutiles. La persona funciona con normalidad.
Etapa 3: deterioro cognitivo leve
Fallas de memoria u otras funciones que se notan en las pruebas, pero la persona sigue siendo independiente.
Etapa 4: demencia leve
Empiezan las dificultades en actividades complejas: manejar dinero, medicamentos, citas.
Etapa 5: demencia moderada
Necesita ayuda en muchas actividades del día.
Etapa 6: demencia grave
Depende de otras personas para el cuidado básico: comer, vestirse, asearse.
Figura 2. Qué se hace en cada etapa. Las actividades sin medicamentos acompañan siempre. Elaboración propia.
¿Qué medicamentos existen?
Medicamentos para los síntomas
El donepezilo, la rivastigmina y la galantamina aumentan la cantidad de una sustancia que las neuronas usan para comunicarse (la acetilcolina). La memantina actúa de otra manera: ayuda a que las neuronas dañadas funcionen con menos «ruido».
Qué esperar: pueden mejorar o estabilizar por un tiempo la memoria, la atención y las actividades diarias. El beneficio es modesto y no es igual en todas las personas.
Qué no hacen: no detienen ni curan la enfermedad.
Cuándo se usan: en la etapa de demencia. En el deterioro cognitivo leve no se recomiendan de rutina.
Efectos posibles: náuseas, diarrea, pérdida de apetito, mareo o pulso lento. Si aparecen, consulta antes de suspender el medicamento.
Los nuevos tratamientos: lecanemab y donanemab
Son anticuerpos que retiran el beta-amiloide del cerebro. En los estudios, hicieron que el deterioro avanzara más despacio (alrededor de una cuarta parte más lento en 18 meses), pero no lo detienen.
No son para todas las personas. Solo para quienes están en deterioro cognitivo leve o demencia leve, con el Alzheimer confirmado por biomarcadores.
Requieren estudios previos: resonancia magnética, un análisis genético (APOE) y una revisión cuidadosa de otros medicamentos, en especial los anticoagulantes.
Tienen un riesgo particular: pequeñas inflamaciones o sangrados en el cerebro, llamados ARIA. Casi siempre no dan síntomas y se detectan en las resonancias de control, pero a veces pueden ser graves.
Se aplican de forma supervisada: por vía intravenosa o, en algunos países, con una inyección subcutánea.
Si recibes uno de estos tratamientos y aparece de repente debilidad, dificultad para hablar, dolor de cabeza intenso, confusión o una convulsión, acude a urgencias y avisa que recibes un tratamiento antiamiloide. Esos síntomas pueden parecer un ataque cerebrovascular, pero se manejan de forma diferente. Lleva siempre contigo tu tarjeta de alerta.
Para las personas sin síntomas (etapas 0 a 2) no existen medicamentos aprobados. Lo que sí funciona es cuidar la salud del cerebro y hacer seguimiento.
Lo que podemos hacer cada día
Las intervenciones sin medicamentos acompañan todas las etapas. No todas buscan mejorar la memoria: muchas buscan bienestar, autonomía y conexión. Ninguna, por sí sola, detiene la enfermedad, pero juntas mejoran la vida diaria.
Estimulación cognitiva: actividades en grupo que ejercitan la memoria, la atención y el lenguaje, y que además favorecen la conversación.
Actividad física: caminar, ejercicios de fuerza y de equilibrio, adaptados a cada persona. Ayudan a la movilidad, al ánimo y a prevenir caídas.
Música y actividades significativas: cantar, bailar, pintar, cuidar plantas. Pueden mejorar el ánimo y disminuir la inquietud.
Sueño y salud de los vasos: dormir bien y controlar la presión arterial, el azúcar, el colesterol y no fumar protegen al cerebro en cualquier etapa.
Recordar también es conectar
La terapia de reminiscencia no es un examen de memoria. Es una forma de compartir:
Elige fotografías, canciones u objetos familiares.
Invita a contar historias, sin corregir los errores.
Valida las emociones y respeta los silencios.
Evita forzar recuerdos dolorosos y adapta la actividad a la historia de cada persona.
¿Y las dietas?
Comer de forma saludable, por ejemplo al estilo mediterráneo, es bueno para todo el cuerpo. Pero ninguna dieta (MIND, mediterránea o cetogénica) ha demostrado tratar el Alzheimer. Desconfía de productos o suplementos que prometan curarlo.
Cambios de conducta: primero comprender, después tratar
La inquietud, la agresividad, la tristeza o las dificultades para dormir son frecuentes. Antes de pensar en un medicamento, conviene preguntarse qué los está causando.
Busca un desencadenante: dolor, infección, estreñimiento, un medicamento nuevo, mal sueño, ruido, cambios en la rutina o una necesidad que la persona no logra expresar.
Ajusta lo que se pueda: hablar con calma, mantener rutinas, adaptar el ambiente y ofrecer actividades que tengan sentido para la persona.
Si hace falta un medicamento, lo indicará el médico según la gravedad y el riesgo. Algunos tienen efectos importantes en personas mayores.
Evita automedicar pastillas para dormir o para «calmar los nervios». Algunas, como las benzodiazepinas y ciertos antialérgicos, empeoran la memoria y aumentan el riesgo de caídas.
Cuidar a quien cuida
El Alzheimer afecta a toda la familia. Cuidar también cansa. Pide ayuda, reparte las tareas, busca grupos de apoyo y cuida tu propia salud. Un cuidador que descansa acompaña mejor.
En resumen
Los medicamentos actuales alivian los síntomas o hacen más lento el deterioro; ninguno lo cura.
Los tratamientos nuevos son solo para algunas personas en etapas tempranas, con estudios previos y vigilancia.
Lo que hacemos cada día (movimiento, conexión, sueño, actividades con sentido) importa en todas las etapas.
La meta es preservar la autonomía y el bienestar el mayor tiempo posible.
Comprender para cuidar mejor.
Autora: Dra. Lilliana Giraldo Tapias, neuróloga vascular. Contenido científico y revisión médica: Dra. Lilliana Giraldo Tapias. Apoyo editorial: Claude (Anthropic), bajo supervisión y aprobación final de la autora. Imagen destacada: ilustración conceptual generada con inteligencia artificial para fines educativos. No corresponde a pacientes reales. Figuras: elaboración propia.
Este contenido es educativo. No reemplaza la valoración médica individual ni la atención de urgencias.
Tus arterias cuentan una historia que el espejo no puede mostrar
Figura 1.Ilustración conceptual elaborada con inteligencia artificial (ChatGPT/OpenAI) para fines educativos. No corresponde a un paciente real.
Sin embargo, la realidad es muy distinta.
Como neuróloga con enfasis en vascular, he visto personas jóvenes, aparentemente sanas y sin sobrepeso sufrir un ataque cerebrovascular. También he conocido personas con algunos kilos de más que, gracias a sus hábitos saludables y al adecuado control de sus factores de riesgo, mantienen arterias mucho más sanas de lo que muchos imaginarían.
Porque las arterias no conocen la talla de tu ropa.
Conocen tus hábitos.
Conocen tu presión arterial.
Conocen si fumas.
Conocen cómo controlas tu diabetes.
Conocen cuánto te mueves.
Y esa diferencia puede cambiar el futuro de tu cerebro.
Figura 1.Ilustración conceptual elaborada con inteligencia artificial (ChatGPT/OpenAI) para fines educativos. No corresponde a un paciente real.Figura 2. Ilustración conceptual elaborada con inteligencia artificial (ChatGPT/OpenAI) para fines educativos. No corresponde a un paciente real.
Entonces… ¿qué determina realmente tu riesgo de sufrir un ataque cerebrovascular?
No es la fotografía que publicas.
No es el número que marca la báscula.
No es la talla de tu ropa.
Ni tampoco cómo te ven los demás.
Lo que realmente protege —o daña— tu cerebro son las decisiones que tomas cada día.
Cada cigarrillo que decides fumar… o dejar de fumar.
Cada vez que eliges caminar, montar bicicleta o permanecer sentado.
Cada comida que nutre tu cuerpo… o que favorece el daño de tus arterias.
Cada vez que controlas tu presión arterial.
Cada vez que tomas correctamente los medicamentos para la diabetes, el colesterol o la hipertensión.
Cada noche en la que descansas lo suficiente.
Cada visita al odontólogo para cuidar la salud de tus encías.
Cada control médico preventivo.
Ninguna de estas decisiones parece importante por sí sola.
Pero con el paso de los años, se van sumando.
De la misma manera, los malos hábitos también se acumulan. El daño en las arterias ocurre lentamente, sin dolor y, muchas veces, sin síntomas.
Hasta que un día aparece un infarto cerebral.
La buena noticia es que ese camino también puede recorrerse en sentido contrario.
Nunca es tarde para empezar.
No necesitas ser perfecto.
Solo necesitas comenzar con pequeños cambios y mantenerlos en el tiempo.
Porque las arterias no recuerdan cómo te veías. Recuerdan cómo las cuidaste.
Autora: Dra. Lilliana Giraldo Tapias, Neuróloga Vascular. Contenido científico y revisión médica: Dra. Lilliana Giraldo Tapias. Apoyo editorial e ilustraciones conceptuales: ChatGPT (OpenAI), bajo supervisión y aprobación final de la autora. Las ilustraciones son representaciones educativas y no corresponden a pacientes reales.